Eran altas horas de la noche, la casa estaba en silencio, tan silenciosa que ni siquiera se oía el mecer del viento. La chica se despertó con la necesidad de ir al servicio, qué frío pensó. Apartó sus dos grandes mantas y se dispuso a dirigirse donde necesitaba. Dio un paso, luego otro y pensó que algo estaba mal... Se sentía como si hubiese un intruso y de repente sus piernas se movieron solas y empezaron a correr. Una vez hubo encendido la luz, miró hacia atrás y vio una sombra, poco más de medio metro, totalmente oscura y delgada de pelo largo. La pequeña aunque feroz figura alargó una larga extremidad hacia ella y tal como vino desapareció. Aún con el miedo en el cuerpo se sentó en la taza del váter con los ojos bien abiertos, en vigilia, esperando cualquier minúsculo sonido a su alrededor ¿era aquello real? Es una pregunta que no podía responder porque la vio con sus propios ojos, la sintió en sus adentros, la pequeña figura quiso hacerle daño. Poco a poco, fue asomando la cabeza hacia afuera, se apoyó en la pared para, si pasaba algo, poderse impulsar hacia la luz nuevamente. Respiró lentamente, 1...2...3... Ni un minúsculo movimiento. La condenada muñeca estaba tal y como la había visto cuando se fue a dormir, justo en los mismos cuadros del suelo podría jurar. Se armó de valor, apagó la luz y corrió, llegó a la cama de un salto y se tapó con la manta, aquí estaré a salvo pensó. Fuerte bobería, si lo que vio iba a por ella ni un millón de mantas la salvarían.
- ¿Tan pocos amigos tienes que ahora te dedicas a imaginarte otros, Ariia? ¿De verdad? - se dijo a sí misma, intentando quitarle hierro al asunto.
Con el oído aguzado y después de cierto tiempo la muchacha se durmió. Al día siguiente no paró de preguntarse si fue una pesadilla demasiado real o si se estaba volviendo loca. En sus adentros tenía la sensación de que fue todo real, ella sí se despertó a esa hora y sí fue al servicio pero ¿entonces?
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